El 24 de febrero de 2020 nos embarcamos en una de las aventuras más auténticas y únicas que jamás hayamos podido experimentar: nuestro primer learning journey, nuestra primera vez visitando lugares tan nutritivos como Keikoa.
Si tuviéramos que describir este proceso en una palabra, sería enriquecedor, aunque pueda sonar como la típica. Cada día supuso enriquecernos un poco más, nutrir nuestra mente y comprender lo esencial de salir ahí fuera y observar el mundo que nos rodea, mirarlo, estudiarlo, aprender de él.
Los primeros días fueron caóticos en distintos sitios de Europa: París, Maastricht y Bruselas. Tuvimos la suerte de recorrer calles desconocidas y ver monumentos preciosos y únicos, conocidos a nivel mundial. Aquí empezaron nuestros primeros retos, comenzar a aprender del mercado en los distintos puntos y hacer algunas customer visits, retarnos en ese aspecto. Y qué buena idea. Porque nos atrevimos a hacerlo, tomándonoslo como una forma de conocer lo que nos rodeaba y aprender de ello. Claro que al principio resultó algo incómodo, entrar en un local y presentar tu proyecto, tus ideas y ver la reacción del que te escuchaba. Pero siempre coincidimos en que eso nos hace crecer y crecer, coleccionar experiencias en este sentido y conocernos, a nosotros mismos y a las personas con las que tratamos. Pudimos comprobar que surgen cosas muy únicas cuando dejas el miedo a un lado y te dejas llevar por la experiencia: conversaciones que despiertan pasiones en ti, contactos que siempre podrás guardar (y utilizar), palabras que siempre se te quedarán grabadas como mantras de vida.
Y luego llegó Berlín, tan pintoresco y auténtico, de esos sitios que te roban el alma y te dejan con ganas de más y más, aunque hayas recorrido cada rincón y paseado por todas sus calles. Fue aquí, en esta ciudad, donde Keikoa se fortaleció, cogió fuerzas y se dio cuenta de toda su valía, potencial y ganas por cambiar el mundo, por crear un impacto en él. Trabajábamos en un espacio co-working, betahaus. Allí nos reuníamos, establecíamos objetivos y tenían lugar las training sessions, donde el conocimiento empezada a fluir por cada uno de los miembros, 17 miembros, por ser más exactos. Aunque, realmente, era algo así como un espacio de paso. Cada día salíamos a la calle a retarnos, entrar a comercios y ofrecer nuestros productos, coger ideas para poder inspirarnos, visitar mercadillos para luego estar en ellos, mantener largas y tendidas conversaciones con personas que te sorprenden, acudir a eventos y mucho más.
Y los días empezaron a pasar y notábamos como cada uno de ellos era una auténtica aventura. Lo que nos habíamos propuesto empezaba a tomar forma y, en una semana, pudimos ir a uno de los mercadillos más importantes de Berlín, Mauerpark, con dos de nuestros proyectos: Perspective y Kai. Fue realmente increíble. La forma en la que la gente se paraba y sentía interés por lo que hacías, ofrecías. Ver personas valorar tu pasión y tu trabajo fue una de las mayores recompensas de ese día y de todo el viaje.
También quisimos mostrar la cultura española a través del jamón serrano. Llevamos éste desde Valencia y empezamos preparando bocadillos riquísimos en el espacio co-working, para que todo el mundo probase la esencia de España a través de los sabores y las texturas. Al ver que funcionaba, planeamos la forma en la que podríamos llegar a más gente y así ofrecer el producto fuera de betahaus. Y siguieron las reuniones, la idea de crear un evento (se quedó en idea por lo que os contaremos al final) y la visita a comercios españoles de la ciudad.
Y todo siguió su curso hasta que recibimos la noticia de que el Covid-19 estaba generando un caos gigante en nuestro hogar, España. Todo se desmoronó y surgió el miedo de tener que volver a casa. Nos notificaron un viernes que nos iríamos el martes que viene, y no dudamos en coger todas nuestras cosas y patearnos la ciudad, juntos, pasando mucho frío y disfrutando al máximo, absorbiendo cada minuto ante esa incertidumbre de que todo se acabase. Al día siguiente nos hicieron saber que debíamos volver ya, al día siguiente, a primera hora de la mañana, a tres semanas de terminar nuestro learning journey. Fue algo así como una patada en el estómago, porque lo más fuerte venía ahora, cuando todo se cristalizaría y tomaría las formas que nos propusimos. Entendimos lo importante de disfrutar cada momento como si fuera el último, poner todas nuestras ganas en este instante y centrarnos en él, con ilusión y mucha fuerza. Aunque se acabase antes de tiempo, siempre quedará grabado en nosotros, cómo fue la primera vez que, como equipo y familia, unimos fuerzas para adquirir metas.